Humillado, ofendido, despreciado, soportando hambre, soledad y castigos, en un calabozo oscuro con derecho a quince minutos de sol por día y con la esperanza de que... " Dios volviera los ojos hacia el penal y se acordara de él, aunque los rezos fueran mal dichos ", comenzó a escribir las cartas de los compañeros de celda, por cinco céntimos, así conoció la historia de todos los reos del pabellón. En 1963, un compañero de prisión le comentó que había un concurso de cuentos, impulsado por Constantino Láscaris de la Universidad de Costa Rica, llamado los " Juegos Florales " y el premio era de 2.000 pesos, donde ganó su primer premio con el cuento " El poeta, el niño y el río ". A pesar de la oposición de algunos, porque el premio había sido ganado por el reo más temido y odiado del pueblo costarricense, le fué otorgado en el Teatro Nacional, con una silla vacía y un ramo de rosas.
Había nacido el escritor costarricense del milenio, su apodo había cambiado dentro del penal, ya no era el "Monstruo de la Basílica", ahora lo llamaban " El loco del libro ", talvéz ya... Dios empezaba a escuchar sus oraciones.
Durante diez años, en papel de bolsas de cemento y con cabos de lápiz, empezó a escribir su primer Best Seller , " La isla de los hombres solos ", narrando no solo sus propios sentimientos y sus experiencias, sino la de sus compañeros, a quienes en las noches interminables del presidio, acostumbraba leerles los capítulos de su novela. Asi mismo lo hacia los fines de semana, cuando llegaban los turistas a conocer al "Monstruo de la Basílica" a cambio de unos cuantos centavos.
Con dos fugas y diecisiete intentos, " Dios volvió a ver, lo borro de un plumazo y llegó la orden de libertad ", el 8 de Junio de 1980, treinta años habían pasado de su condena.
El 24 de Junio de 1998, la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia declaró "con lugar" la solicitud de inocencia.
Y el 21 de Julio de ese mismo año, la Sala III por unanimidad, lo declaró libre de toda pena y responsabilidad.